Prefacio
Hemos tratado de recoger, de forma muy sintética, en esta saga las breves historias de los restaurantes más relevantes de Cuba, principalmente ubicados en distintos puntos de la capital. Sin embargo, es indudable que existieron otros, situados incluso en diversas localidades y provincias del país, que también, en alguna etapa, trascendieron e impactaron en el gusto de clientes locales y foráneos.
Por ello, esta saga podría ser mucho más extensa, pero esto conspiraría posiblemente con el interés de nuestros amables lectores. No obstante, sería imperdonable, antes de cerrar con broche de oro esta interesante serie, dejar de mencionar uno de los establecimientos más antiguos de la historia gastronómica cubana que, en su momento, fue catalogado como uno de los grandes y que, además, ostenta el privilegio de haber sido el primer restaurante profesional de Cuba.
Nos referimos al restaurante La Zaragozana, ubicado en el corazón de La Habana Vieja, en la calle Monserrate, entre Obispo y Obrapía.
Origen y cronología de uno de los restaurantes más antiguos de La Habana
El restaurante La Zaragozana fue inaugurado el 3 de diciembre de 1830, aunque no con ese nombre, sino bajo el título de La Fonda de la Muralla, debido a que se encontraba justo frente a la gran muralla que rodeaba a la entonces denominada Villa de San Cristóbal de La Habana.
El local fue construido muy cerca de la iglesia del Santo Ángel Custodio y de una de las entradas de la muralla que cercaba la villa: las Puertas de Monserrate.
Años después, al abrirse estas puertas que separaban la ciudad en intramuros y extramuros, el lugar adquirió un notable valor comercial, pues se convirtió en punto obligatorio de entrada y salida hacia el centro urbano. Ello propició una constante circulación de transeúntes que aprovechaban para mitigar su hambre y su sed a la sombra de la citada fonda. Muchos de ellos dejaban sus quitrines y calesas en una plazoleta aledaña, frente a la ermita de Monserrate.
En 1863, con el crecimiento de La Habana intramuros, se inició el derribo de la muralla. Como consecuencia, la calle Monserrate se transformó en una de las arterias de comunicación más importantes de la época, al enlazar el núcleo urbano con la expansión de la antigua periferia. Era, por así decirlo, la vía principal entre la Habana antigua y la Habana nueva. Esta circunstancia otorgó aún mayor prestigio al antiguo restaurante.
En 1930, exactamente un siglo después de la inauguración de La Fonda de la Muralla, el zaragozano José Currais adquirió el ya famoso bar-restaurante, rebautizándolo en honor a su ciudad natal como La Zaragozana.
Lo trasladó a su actual ubicación —Monserrate entre Obispo y Obrapía, detrás del entonces Club Asturiano y cerca del Parque Central— y lo especializó en cocina tradicional española, con un variado menú de carnes, pescados y mariscos.
En diciembre de 1958, la familia Currais adquirió un hermoso palacete que había sido vivienda de Carlos Miguel de Céspedes, muy cerca de la desembocadura del río Almendares, al oeste de la ciudad. Allí inauguraron otro restaurante al que nombraron 1830, en memoria del año de fundación de La Fonda de la Muralla, origen de La Zaragozana.
Tras su nacionalización por el Gobierno cubano en 1959, el restaurante se mantuvo durante años entre los de mayor categoría de La Habana. Aunque con el tiempo fue perdiendo calidad, conservó su prestigio durante largo período.
Luego del derrumbe del Campo Socialista en la década de los años noventa y de las reformas posteriores que ocurrieron en Cuba, La Zaragozana pasó a ser administrada por la cadena Habaguanex, adscrita a la Oficina del Historiador de la Ciudad.
Finalmente, en 2009, se decidió su clausura debido al peligro real que representaba un edificio colindante en riesgo de derrumbe, lo cual ponía en peligro a clientes y trabajadores.
Desde entonces, el otrora famoso restaurante, que ganó merecidamente el apelativo de ser “el primero en el tiempo”, ha permanecido cerrado y convertido, lamentablemente, en un denigrante montón de escombros.
Un rincón español en La Habana
La Zaragozana presentaba una marcada influencia española en su decoración y mobiliario, con bellos motivos hispánicos y arcos de estilo morisco. Sus altos taburetes a lo largo de la barra invitaban a los visitantes a pasar largas horas conversando mientras disfrutaban de excelentes cócteles acompañados por una exquisita música ibérica de fondo.
El lugar estuvo siempre muy concurrido por clientes nacionales y turistas durante todo el día, y en las noches eran frecuentes las reuniones sociales y de negocios, contando además con un distinguido salón de protocolo habilitado para tales fines.
Desde su apertura por la familia Currais, adquirió rápidamente fama y prestigio internacional. Fue visitado por relevantes figuras como el poeta español Federico García Lorca, el poeta nacional Nicolás Guillén, el novelista norteamericano Ernest Hemingway y el boxeador estadounidense Rocky Marciano, entre otros.
Su reconocida carta-menú ofrecía exquisitas propuestas de la cocina española, entre las que sobresalían la fabulosa Paella, especialidades de mariscos en diversas presentaciones, la exquisita Fabada asturiana, el humeante Caldo gallego y los muy solicitados Garbanzos fritos con embutidos españoles.
Esta oferta gastronómica, unida a la esmerada atención de sus trabajadores, hizo del restaurante-bar un espacio merecedor de alto reconocimiento y prestigio.
Desde su génesis, La Zaragozana se propuso ofrecer a sus clientes un sello auténtico de su homónima región española. Su primer propietario, José Currais, cumplió cabalmente este propósito, transmitiendo a los visitantes su profundo amor y añoranza por Zaragoza.
Ello se reflejaba no solo en la gastronomía, sino también en el ambiente del lugar, decorado con banderas, pañoletas, bufandas y numerosas fotografías de futbolistas españoles famosos, muchas de ellas donadas por los propios clientes y visitantes.
Conclusiones finales de la saga
Resulta muy gratificante y constituye un enorme privilegio para cualquier cubano poder afirmar que su nación contó con restaurantes tan célebres, reconocidos a nivel mundial y visitados y elogiados por figuras ilustres de todos los confines del planeta.
En este recorrido virtual por la historia de estos seis colosos gastronómicos hemos conocido lugares tan extraordinarios como los paradisíacos jardines del 1830; las paredes colmadas de firmas ilustres de La Bodeguita del Medio y su célebre Mojito; parte de la vida artística del gran pianista y compositor cubano Bola de Nieve en el Monseigneur; el famoso Daiquirí degustado por Ernest Hemingway en El Floridita; el singular origen del Polinesio —uno de los pocos sitios originales influenciados por la cultura tiki y desarrollados por Trader Vic’s que aún existen en el mundo— y su emblemático Mai Tai; y, finalmente, el fascinante relato del decano de los restaurantes habaneros, considerado el primer restaurante profesional del país: La Zaragozana.
Si la lectura de estos relatos ha despertado tu interés por la rica cultura gastronómica cubana y te ha transportado en tiempo y espacio hacia esos fabulosos sitios —verdaderos íconos de nuestra cocina—, consideramos que hemos cumplido plenamente nuestro cometido y nos sentimos profundamente complacidos.







0 Comentarios