Una breve introducción
El restaurante Polinesio, localizado en la calle 23, entre L y M, en el Vedado capitalino, es otro de los íconos de la cultura e historia gastronómica cubana. Por su ambiente exótico, su exquisita decoración y su sugestiva carta inspirada en platos de la cocina de las islas del Pacífico, además de por estar ubicado en los bajos y formar parte del afamado Hotel Habana Libre, ha gozado durante décadas de la preferencia tanto de la población habanera como de los visitantes foráneos de todos los confines del planeta, sin perder su esplendor inicial a pesar del paso de los años.
A diferencia de muchos otros establecimientos de su tipo que, infelizmente, desaparecieron o fueron transformados radicalmente tras 1959, el Polinesio ha conservado gran parte de su diseño y encanto original de la década de los años cincuenta. Esto ha hecho que, tanto historiadores como clientes, lo consideren uno de los pocos sitios originales influenciados por la cultura tiki de la época y desarrollados por Trader Vic’s que aún existen en el mundo.
En diferentes etapas de su historia ha debido acompañar los cambios de administración y las renovaciones del hotel: pasó en 1959 a gestión estatal tras su nacionalización y, en los años noventa, a administración extranjera por la cadena española Meliá, al flexibilizarse en el país la apertura a la inversión foránea. No obstante, a pesar de estos cambios, conservó siempre su patrimonio histórico, manteniéndose en operación con su estilo inicial de servicio y su decoración tradicional.
Historia de su origen y evolución
El origen de este restaurante se remonta a los años cincuenta. Fue concebido y encargado por el magnate norteamericano Conrad Hilton para formar parte de su nuevo hotel construido en La Habana, el Havana Hilton, con el objetivo de replicar en la isla el exotismo de la tendencia global de la cultura tiki y de convertirlo en uno de los espacios vanguardistas del turismo en Cuba.
Para lograr su propósito, el avispado empresario estadounidense solicitó al también norteamericano Victor Bergeron —propietario de la cadena de restaurantes Trader Vic’s, de estilo tiki— que diseñara y habilitara un establecimiento gastronómico de este tipo en los bajos del Hotel Havana Hilton. De esta forma, el proyecto se sumaba a la tendencia mundial de la temática polinesia y asiática, muy en boga por aquellos años y popularizada precisamente por esta célebre cadena de restaurantes.
Así, la sucursal de Trader Vic’s dentro del Hotel Habana Hilton abrió sus puertas el 22 de marzo de 1958, apenas seis meses después de la inauguración del hotel.
Para su puesta en marcha, además de cuidar con esmero cada detalle de la exquisita decoración interior, se dispuso la contratación de personal con probada experiencia culinaria en las míticas fondas y restaurantes del Barrio Chino de La Habana. Asimismo, sus bartenders debían ser auténticos maestros cubanos de la coctelería.
Otro detalle relevante de su inauguración fue la instalación de hornos de cocción de estilo polinesio, cuya inventiva se remontaba a la década de los cuarenta del siglo XX. Estos combinaban la arquitectura y eficiencia de los hornos españoles y chinos y, como dato peculiar, podían ser observados por los comensales desde los salones a través de amplios cristales.
Todas estas innovadoras características hicieron que el Polinesio —que en sus inicios no llevaba ese nombre— alcanzara rápidamente una notable popularidad en el gusto habanero y comenzara a ser visitado desde muy temprano por los viajeros que llegaban al país, muchos de ellos hospedados en el Hotel Havana Hilton y en otros importantes hoteles cercanos de la zona.
En el año de su inauguración, Cuba se encontraba bajo la presidencia de Fulgencio Batista y existía una fuerte presencia de inversiones estadounidenses en la isla. El turismo internacional vivía entonces su etapa de mayor apogeo, y el Hilton de La Habana era uno de los hoteles más sofisticados y concurridos del Caribe, razón por la cual el establecimiento gastronómico resultaba muy frecuentado y alcanzó rápidamente fama internacional.
Tras el triunfo de la Revolución, el Havana Hilton fue nacionalizado en octubre de 1960 y renombrado como Hotel Habana Libre, pasando a control estatal y dejando de pertenecer a la cadena Hilton. Igual destino corrió la franquicia de Trader Vic’s, que puso fin a su relación comercial con la marca estadounidense y adoptó el nombre de restaurante Polinesio, quedando también bajo administración estatal como parte de los servicios del hotel. No obstante, mantuvo intactos su diseño y su servicio tradicional, lo que le permitió conservar durante largo tiempo la preferencia de sus ya asiduos clientes nacionales e internacionales.
Con la llegada del llamado Período Especial, a inicios de los años noventa, y la limitada apertura del país a la inversión extranjera, el Hotel Habana Libre pasó a ser gestionado por Meliá Hotels International, corporación transnacional española líder del sector hotelero, con sede en Palma de Mallorca y presencia en más de cuarenta países. A raíz de este cambio de administración, el Polinesio fue renovado y continuó operando dentro de un marco más moderno, aunque siempre respetando y preservando su estilo histórico y su decoración original.
Descripción del exotismo único del lugar
El interior del Polinesio conserva una decoración tiki original que recrea un ambiente exótico, con muebles de bambú y techos de esteras, así como tótems, sofisticadas lámparas y una bella cristalería que data de finales de los años cincuenta.
Desde el momento en que el visitante cruza sus puertas, es transportado casi de manera literal a una cabaña hawaiana, con sus muebles y decoraciones típicas, matizadas por una iluminación tenue que crea una experiencia temática singular y memorable.
El vistoso y espléndido salón, con capacidad para noventa y seis comensales, guarda celosamente las historias y vivencias de quienes continúan llegando a diario y que han convertido en tradición tanto el fraternal encuentro familiar como la apasionada cita romántica, perfectamente concebida para desarrollarse entre las paredes de este acogedor espacio.
Las vistas laterales de sus emblemáticos hornos y el elegante bar complementan el sello distintivo del lugar, junto al servicio profesional y amable que, a lo largo de varias generaciones, han sabido mantener sus trabajadores.
En cuanto a su prolífico menú, este se especializa fundamentalmente en carnes —cerdo, pollo y res— cocinadas a la barbacoa mediante técnicas ancestrales polinesio-asiáticas, a las que se incorpora, como ya es tradición, el inconfundible sazón y el toque mágico de la cocina cubana.
Entre sus platos más destacados sobresalen las célebres “canoas”, como las denominadas Suva Suva y Kiribaty, en las que se sirven, dentro de cañas de bambú, diversas especialidades de cerdo, pollo y res a la barbacoa.
Las Maripositas chinas y las Bolitas de queso bañadas en una espesa salsa agridulce figuran entre las propuestas más solicitadas. Sin embargo, sin lugar a dudas, el plato estrella del lugar es el Pollo a la barbacoa, quizás debido a su llamativa forma de elaboración, que incluye un marinado previo con condimentos secos en polvo y un posterior ahumado con hojas de guayaba, lo que le confiere un aroma y un sabor inconfundibles.
Indudablemente, las técnicas de Osvaldo han contribuido a la modernización de la amplia carta de cócteles del bar; sin embargo, continúa sobresaliendo el Mai Tai, una elaboración a base de jugo de limón, sirope de caramelo, ron añejo y orgeat —una especie de horchata de almendras—, receta que constituyó uno de los secretos transmitidos por su legendario abuelo y que hoy es motivo de orgullo no solo para el restaurante, sino también para la nación, al preservar la grandeza de uno de los cócteles más famosos del mundo.
Como si todo lo anterior no fuera suficiente, el restaurante dispone además de una moderna cava climatizada, en la que se ha incorporado una amplia selección de vinos de diversas nacionalidades y reconocido prestigio, con diferentes estilos, sabores y cosechas, listos para maridar con los fabulosos platos de la carta.
Epílogo
Son muchas las virtudes que el Polinesio ha logrado consolidar y mantener a lo largo de los años, entre ellas su inconfundible estilo tiki. Por ello, este espacio es, más que un restaurante, una institución histórica, entrañable y única de La Habana, ideal para encuentros familiares, reuniones entre amigos y citas románticas, y depositaria del testimonio del paso de varias generaciones de visitantes.
Con sus raíces en Hawái, el estilo tiki evoca lugares exóticos, estatuas misteriosas, aromas sofisticados de carnes a la parrilla cocidas sobre hogueras de leña, frutas tropicales exclusivas, máscaras, collares de flores y momentos inolvidables compartidos con seres queridos. El restaurante Polinesio habanero recrea y transmite todo eso y mucho más: la atmósfera sublime de la lejana Oceanía, fusionada con la magia inigualable de Cuba.
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