Cartel de la histórica cafetería-restaurante Wakamba en La Habana, uno de los emblemáticos establecimientos del Vedado, conocido por su estilo moderno de los años 50, su autoservicio pionero y su ambiente inspirado en motivos africanos.


Introducción

En la década de los cincuenta del pasado siglo, la ciudad de La Habana sobresalía como una de las urbes más elegantes y modernas de América. Un símbolo inequívoco de esa modernidad era, sin duda, la presencia de sus numerosos centros gastronómicos, distribuidos estratégicamente muy cerca de teatros, cines y otros lugares de gran afluencia, donde transcurría diariamente la intensa y apasionante vida citadina.

Un magnífico ejemplo de esa imagen de vanguardia lo representó la afamada cafetería-restaurante Wakamba, ubicada a escasos metros de la concurrida Rampa, en pleno corazón del Vedado habanero.


Vista de la fachada y entrada de la antigua cafetería-restaurante Wakamba en el Vedado, La Habana, mostrando su arquitectura moderna de los años 50


Su sugerente y exótico nombre, unido a una deslumbrante decoración interior, una variada oferta gastronómica y el privilegio de contar con el primer restaurante del país que adoptó la modalidad de autoservicio (self-service), la hicieron destacar entre los establecimientos de su tipo en la capital.


Vista del interior de la cafetería-restaurante Wakamba en el Vedado, con su decoración de inspiración africana, murales temáticos y un ambiente moderno y elegante característico de los años 50 en La Habana.


Wakamba alcanzó gran popularidad desde sus inicios gracias a sus especialidades de la cocina china y criolla y, sobre todo, por sus precios económicos.

Siguiendo la tendencia que predominaba en aquella época, su decoración interior se inspiraba en motivos africanos, explotando al máximo el exotismo geográfico para atraer un mayor número de clientes que la competencia.

 

 

Otro aspecto relevante era su acceso privado desde el colindante Cinema La Rampa, otro centro de vanguardia de la zona. Gracias a ello, los ávidos cinéfilos, después de disfrutar de alguno de los espectaculares filmes que allí se exhibían, podían acceder directamente a la cafetería al finalizar la función y degustar un exquisito emparedado o una refrescante malteada, prácticamente sin salir del cine.

La interesante historia de una cafetería que hizo época

La cafetería Wakamba fue inaugurada el 16 de julio de 1956, en la calle O, entre 23 y Humboldt, en la selecta barriada del Vedado capitalino. Solo unos meses después, en noviembre, se le incorporó un restaurante en la modalidad de autoservicio, convirtiéndose en el primero del país en adoptar este moderno sistema que solo podía verse en las ciudades más avanzadas del mundo, revolucionando así los servicios gastronómicos nacionales.


Entrada de la antigua cafetería-restaurante Wakamba en La Habana, donde destaca el letrero de “self-service”, reflejando su innovador sistema de autoservicio pionero en Cuba durante los años 50.

Anuncio publicitario de la apertura de la cafetería-restaurante Wakamba en La Habana, inaugurada el 16 de julio de 1956 en el Vedado, destacando su moderno concepto de autoservicio y su propuesta gastronómica innovadora para la época.


¿Pero por qué el nombre Wakamba?

El nombre Wakamba parece estar inspirado en el pueblo Akamba o Wakamba, un grupo étnico bantú asentado en la actual Kenia, cuya lengua es el kikamba. Este pueblo habita una extensa región que se extiende desde Nairobi hasta Tsavo y hacia el norte hasta Embu, en la antigua Provincia Oriental.

Resulta muy probable que sus propietarios escogieran este nombre atraídos por el exotismo africano, una temática que gozaba de gran popularidad durante la década de 1950 y que inspiró la ambientación de numerosos establecimientos comerciales y recreativos de la época.

Esta hipótesis cobra aún más fuerza si se tiene en cuenta que, en 1952, se estrenó con notable éxito la película Wakamba, cuya historia transcurría precisamente entre ese pueblo africano. El filme narraba las peripecias de un guerrero keniano llamado Tambo, quien daba muerte a un enorme elefante para pagar a los padres de su prometida la dote exigida para el matrimonio.

Todo ello debió influir para que los empresarios Felipe Coss Vega y J. A. Garrido decidieran bautizar su nueva cafetería con ese nombre tan evocador y confiaran el diseño de su ambientación interior al reconocido diseñador cubano Gonzalo Córdoba.

Entre 1950 y 1958, Gonzalo Córdoba, ya dedicado plenamente al diseño industrial, proyectó los interiores de varios centros gastronómicos habaneros y de Varadero, entre ellos las cafeterías Kimboo y Karabalí, el bar de jazz La Zorra y el Cuervo, el Miramar Yacht Club y el antiguo Hotel Internacional de Varadero. Todos fueron admirados por la exquisita coherencia de sus diseños, su modernidad, comodidad y refinado estilo. Entre esas obras destacó también la cafetería Wakamba.

En este establecimiento sobresalían los murales y diversos elementos decorativos inspirados en la simbología del África Oriental, armoniosamente combinados con un ambiente elegante y la tecnología más moderna de la época, lo que convertía sus espacios en un lugar exclusivo y sumamente atractivo para una clientela cada vez más numerosa.

En 1960, el Gobierno revolucionario nacionalizó todos los negocios privados del país y Wakamba no escapó a ese destino. Pasó entonces a la administración estatal y comenzó a adquirir las características propias de ese sistema de gestión. Durante algunos años se intentó conservar su formato original; sin embargo, como ocurrió con muchos otros establecimientos similares, fue cayendo paulatinamente en el descuido, la chabacanería, el abandono y el mal gusto. Paralelamente, los precios de sus ofertas, inicialmente tan asequibles, fueron aumentando de manera desproporcionada hasta resultar prácticamente inaccesibles para buena parte de la población y totalmente alejados de la calidad del servicio que se ofrecía. Poco a poco, Wakamba fue perdiendo el esplendor y la popularidad que la habían distinguido.


Pizarra con anuncios de ofertas de la cafetería Wakamba en la actualidad, escritos a mano con tiza, mostrando un estilo informal de promoción que contrasta con la elegancia y modernidad del establecimiento en sus años de esplendor en La Habana.


Un vínculo perfecto

A finales de los años cincuenta fue inaugurado el Cinema La Rampa, ubicado en la esquina de las calles 23 y O, en el Vedado, muy cerca de la cafetería Wakamba. Este moderno cine, diseñado por el arquitecto Gustavo Botet sobre el espacio que anteriormente ocupaba la bolera Tony, sobresalía por su innovadora arquitectura y, precisamente, por mantener una conexión interior con la cafetería.


Vista antigua de la fachada del Cinema La Rampa en el Vedado, La Habana, un moderno cine de los años 50 conocido por su arquitectura vanguardista y su conexión directa con la cafetería Wakamba, formando un importante centro cultural de la época.


Concebido como un moderno centro cultural, disponía de aire acondicionado, pantalla semicircular, librería y espacios destinados a la socialización. Funcionaba como cine de ensayo y centro cultural integral. Sin embargo, su conexión directa con Wakamba incrementó notablemente su prestigio y la preferencia del público. Quienes disfrutaban cómodamente de una película de Fellini o de Herzog terminaban, casi inevitablemente, degustando un delicioso refrigerio en el elegante salón de la cafetería.

Aquella unión entre ambos establecimientos constituía una simbiosis comercial perfecta, permitiendo a los clientes disfrutar de una excelente película y, al mismo tiempo, saborear selectos manjares sin apenas abandonar el recinto.


Personas cruzando la calle en el Vedado, La Habana, junto al Cinema La Rampa, donde al fondo se distingue el cartel de la cafetería-restaurante Wakamba, reflejando el ambiente urbano y cultural de la zona


Sabores que no se olvidan

El menú de la cafetería-restaurante Wakamba se distinguía por ofrecer una amplia variedad de opciones, entre las que sobresalían sus cremas, el arroz frito, las maripositas chinas, las tortillas de jamón, las galleticas de soda dobles con queso crema, los yogures de sabores, las malteadas, los helados, los sándwiches de pavo y de jamón, así como una excelente repostería.

Pero quisiera detenerme en un plato que pedía con muchísima frecuencia y que, aún hoy, cada vez que tengo la oportunidad de disfrutarlo, revive en mí los recuerdos de aquella famosa cafetería habanera. Me refiero a la Crema de queso. ¡La mejor de La Habana!


Bol de crema de queso caliente servido en la cafetería-restaurante Wakamba, una de sus especialidades más recordadas


Solo costaba cuarenta centavos y la servían bien caliente, recién preparada, en un pozuelo de losa que humeaba desde la primera hasta la última cucharada. Recuerdo que, durante mi época de estudiante universitario, siempre que asistía al cine La Rampa, que entonces funcionaba como cinemateca exhibiendo ciclos de películas memorables, terminaba escogiendo como primera opción una crema de queso en Wakamba.

Otro de los grandes atractivos era el Tatianoff, que, a pesar de su nombre, constituye un dulce ciento por ciento cubano. Esta deliciosa torta de chocolate, compuesta por dos capas de bizcocho generosamente humedecidas con un almíbar especial y rellenas de una exquisita crema de mantequilla de chocolate, conquistaba a cualquiera que la probara.


Vista de un pastel Tatianoff, un postre clásico de la repostería cubana, compuesto por capas de bizcocho de chocolate humedecido con almíbar y relleno de crema de mantequilla de chocolate, asociado a la cafetería Wakamba en La Habana.


Aunque su denominación pudiera sugerir un origen extranjero, según cuentan los entendidos, su receta nació en la pastelería habanera Lucerna bajo la supervisión del maestro pastelero suizo Scheondorfer, incorporándose desde entonces a la repostería tradicional cubana.

No obstante, fue en la cafetería Wakamba donde este dulce alcanzó una enorme popularidad, gracias a su extraordinaria frescura, suavidad e intenso sabor, que deleitaban el paladar de todos sus clientes.

Epílogo

Para quienes tuvieron la fortuna de conocerla, Wakamba representó mucho más que una simple cafetería: fue un auténtico símbolo de modernidad y esplendor en plena Rampa habanera.

Ibas al cine, disfrutabas de una buena película y, al terminar, entrabas directamente a la cafetería sin necesidad de salir a la calle. Allí te servías tú mismo los platos de tu preferencia y compartías una agradable conversación con tu novia o con tus amigos en un ambiente acogedor, mientras comentabas los mejores momentos del filme. ¡Era una experiencia verdaderamente inolvidable!

Lamentablemente, como tantas otras joyas de aquella época, hoy el establecimiento se encuentra en manos de una cooperativa de gestión no estatal que, al parecer, no ha logrado desprenderse de muchos de los vicios heredados de ese tipo de administración. El lugar ha perdido buena parte de la calidad y el esplendor que lo hicieron famoso. Hoy predominan el alejamiento de la elegancia, el buen gusto y la excelencia de antaño, junto con unos precios excesivamente elevados que reflejan un marcado afán de lucro.

Con este artículo hemos querido revivir la nostalgia y los gratos recuerdos de un establecimiento que significó mucho para los cubanos y, muy especialmente, para los habaneros, manteniendo viva la esperanza de que algún día, como el ave fénix, renazca de las cenizas y vuelva a convertirse en el lugar excepcional que fue en sus mejores tiempos.

Solo nos queda esperar y mantener vivos esos recuerdos.

Espero que este breve relato sobre una de las cafeterías más emblemáticas de La Habana haya sido de tu agrado y haya colmado tus expectativas. Si así fue, compártelo en tus siempre bienvenidos comentarios y enriquece esta historia con tus propias experiencias y vivencias. Te invitamos a continuar visitando nuestro blog para seguir reviviendo recuerdos y descubrir otras apasionantes historias como esta. ¡Te esperamos!