Croquetas cubanas doradas y crujientes, símbolo de la cocina criolla y de la creatividad del pueblo cubano.


Introducción necesaria

Las croquetas son uno de los platos más estrechamente vinculados a la historia del pueblo cubano, sobre todo después de 1959. Para muchos, evocan recuerdos entrañables de la infancia, la adolescencia y la vida laboral. Pero, siendo justos, también han sido ese plato humilde que en más de una ocasión sació el hambre y salvó la comida de innumerables familias en la Isla.

Gracias a la facilidad de su elaboración y a la enorme versatilidad de sus ingredientes, las croquetas cubanas se adaptaron perfectamente a la escasez y a la inagotable capacidad de innovación que, históricamente, han demostrado las amas de casa cubanas para sobrevivir en los momentos más difíciles. Con pocos recursos, lograron “resolver” de forma casi mágica el desayuno o la merienda de niños y ancianos, e incluso rescatar una cena que parecía perdida para toda la familia.

 

 

Por todo ello, la croqueta —aunque no es de origen cubano— forma parte hoy del grupo de alimentos insignes de la Isla. Resulta común encontrarla en cualquier cafetería, restaurante o punto de comida rápida, así como en la mesa cotidiana de muchos hogares.

Origen y evolución de las croquetas

La croqueta tiene su origen en Francia, y su nombre proviene del verbo croquer, que significa “crujir”. De ahí derivó la forma femenina y diminutiva croquette (“crujientita”), aludiendo al sonido característico que producen al freírse. Las primeras referencias datan del siglo XVII, cuando se describían como bolas empanadas y fritas de carne, huevo y trufa. Se considera que nacieron como un plato de aprovechamiento aristocrático en la corte de Luis XIV y que, en sus inicios, no estaban elaboradas con bechamel.

Con el paso del tiempo, las croquetas dejaron de ser un manjar exclusivo de la nobleza y llegaron al pueblo, destacándose dentro de la llamada cocina de aprovechamiento. Así, se convirtieron en un símbolo temprano de cocina sostenible, al confeccionarse con restos de otras comidas.

En 1817, el célebre chef francés Marie-Antoine Carême (Antonin) elaboró croquetas rellenas de una bechamel espesa y recubiertas por una capa gruesa y crujiente para el príncipe regente de Inglaterra y el archiduque de Rusia. A estas preparaciones las llamó Croquettes à la Royale. El éxito fue inmediato y su fama se extendió por el mundo, inmortalizando a su creador e iniciando una auténtica revolución en la elaboración de este plato, que dio origen a la versión moderna que conocemos hoy.

A mediados del siglo XIX, las croquetas llegaron a España, donde se transformaron profundamente: pasaron de ser grandes y duras a pequeñas, suaves y cremosas, ideales para tapas y para comer de un solo bocado. Su popularidad creció rápidamente y comenzaron a aparecer recetas en español de croquetas de ave, conejo, ternera, cangrejo, salmón, merluza, langosta y patata. Algunas se elaboraban a la manera antigua, con un simple picadillo, mientras que otras adoptaban la bechamel de la receta moderna.

En el Diccionario doméstico de 1866 ya figuraban dos de las variantes más tradicionales de la cocina ibérica: las aromáticas croquetas de bacalao y las célebres croquetas de jamón.

No fue hasta 1869 cuando el diccionario de la Real Academia Española definió este alimento con su nombre definitivo, croqueta, derivado del francés croquette, describiéndolo como una “porción de masa, generalmente redonda u ovalada, hecha con un picadillo de jamón, carne, pescado, huevo u otros ingredientes, que, ligada con besamel, se reboza en huevo y pan rallado y se fríe en aceite abundante”.

Como dato curioso, una de las primeras recetas españolas de croquetas fue concebida como postre. En ese caso, se elaboraban con arroz, leche, huevo y azúcar; se empanaban dos veces y se freían, dando lugar a una preparación dulce hoy casi olvidada.


Receta Antigua de Croqueta Dulce de Arroz.


Llegada de las croquetas a Cuba

Es indudable que las croquetas llegaron a Cuba desde España, donde se popularizaron enormemente a principios del siglo XX. Con el tiempo, dejaron de ser un simple aperitivo para convertirse en un plato que, en muchos hogares, llegó a ocupar un lugar principal en la mesa.

Como ocurrió con la mayoría de los platos importados a la Isla, muy pronto se les incorporaron variantes profundamente criollas. Las croquetas cubanas se distinguen tanto de las francesas —más grandes y consistentes— como de las españolas —más suaves y cremosas— por su tamaño pequeño, su interior delicado elaborado con bechamel y su exterior crujiente. Sus rellenos son variados: jamón, chorizo, pollo, pescado u otros ingredientes disponibles según la época y las circunstancias.

Rápidamente se convirtieron en un plato imprescindible en fiestas y celebraciones, así como en una oferta habitual en cafeterías y restaurantes. En los años de mayor escasez posteriores al triunfo de la Revolución, adquirieron en los hogares cubanos un valor simbólico especial, representando la capacidad del cubano de “resolver” con lo que tuviera a mano y transformar la necesidad en algo sabroso y reconfortante para toda la familia.

En los primeros años posteriores a 1959, fue muy famosa en La Habana una cafetería llamada El Polo, ubicada en la esquina de las calles Reina y Ángeles. Se decía popularmente que allí “se hacían las mejores croquetas de La Habana”. A un precio muy módico, por un peso cubano, se podía disfrutar de un plato con cinco croquetas calientes, recién hechas, o de un pan con dos croquetas doradas, aderezadas con cátsup y mostaza.


Cafetería habanera El Polo.

Pan con Dos Croquetas.

El Día Internacional de la Croqueta y la croqueta más grande del mundo

Debido a su enorme popularidad a nivel mundial, se estableció el Día Internacional de la Croqueta, que se celebra cada 16 de enero, como reconocimiento al alcance y la aceptación universal de este plato.

Precisamente en conmemoración de esa fecha, el 16 de enero de 2025 se elaboró en el restaurante Solo de Croquetas, ubicado en la Avenida Reina Victoria 15, en Madrid, España, una croqueta gigantesca de 2,70 metros de largo y 35 kilos de peso. Esta hazaña superó récords anteriores y obtuvo un reconocimiento Guinness.


La Croqueta más grande del mundo.


Para su preparación se utilizaron 20 litros de leche, 2,6 kilos de harina, 7 kilos de sobrasada de Mallorca y 2 kilos de mantequilla. En su confección participaron ocho personas y el proceso completo de elaboración tomó tres días.

Epílogo

Las croquetas cubanas son, sin duda, otra deliciosa expresión de la cocina casera criolla. Surgidas a partir de una receta española traída por los colonos, se transformaron y adaptaron plenamente en la Isla mediante el uso de ingredientes locales y la inventiva popular. Hoy gozan de una profunda preferencia entre los cubanos, quienes las reconocen como parte esencial de sus raíces culinarias y las asumen, con toda razón, como un plato propio.

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