El origen de una frase popular cubana que terminó convirtiéndose en receta
Prefacio
Los cubanos somos pródigos en inventar frases y dicharachos que trascienden de generación en generación y que, llegado el momento, son aceptados por todos como expresiones genuinas y necesarias para describir o explicar, de manera convincente, una determinada acción o un suceso específico. Tal es el caso de la popular frase coloquial “arroz con mango”, de la cual estoy completamente seguro de que no existe cubano alguno que desconozca su significado.
Esta expresión, cuyo origen exacto resulta difícil precisar, significa desorden total, caos o una situación complicada, y sirve perfectamente para describir una mezcla insólita de elementos que, a simple vista, no parecen encajar entre sí.
En el ámbito político, económico y social es muy común escucharla dentro del argot popular cubano para referirse a gestiones mal encaminadas o a situaciones sin una salida aparente.
Sin embargo, llevada al terreno gastronómico, aunque se trata de una preparación poco conocida y ciertamente exótica, existen referencias de ciertos platos criollos donde el arroz y el mango constituyen los ingredientes principales y llegan a clasificarse como verdaderas recetas culinarias.
Confieso que siempre pensé que la mezcla del imprescindible arroz cubano con esta dulce fruta tropical no combinaba de manera natural, por lo que me resultaba difícil comprender que realmente pudiera existir un plato capaz de equilibrar correctamente tan marcado contraste de sabores. Pero la evidencia me corrigió aquella ignorancia y hoy puedo afirmar que, felizmente, estaba equivocado, porque en realidad no solo existe, sino que además resulta sumamente agradable al paladar.
Origen del “arroz con mango”
El mango es una fruta que pertenece a la familia Anacardiaceae, del género Mangifera, y es originaria del sur y sudeste de Asia. Su cultivo se remonta a más de cuatro mil años de antigüedad y su expansión hacia Oriente Medio y África Oriental ocurrió entre los años 300 y 400 d. C.
Esta fruta llegó a América a través de los colonizadores portugueses y españoles durante los siglos XVI y XVII, y actualmente se cultiva en zonas tropicales y subtropicales de todo el mundo.
Junto con el mango, como bien sabemos, los colonizadores también introdujeron el arroz, planta monocotiledónea perteneciente a la familia de las Poáceas o Gramíneas, el cual, al igual que la fruta, tuvo una rápida expansión y aceptación en las colonias americanas.
Según afirman los historiadores, el arroz fue introducido en Cuba por los españoles durante el primer viaje de Cristóbal Colón en 1492; sin embargo, no fue hasta 1739 cuando se produjo el arribo de las primeras semillas de mango y, por consiguiente, el inicio de su cultivo en la Isla. Desde entonces, aunque por separado, ambos productos se convirtieron en pilares de la alimentación cubana y en componentes inseparables de su identidad culinaria.
Pero, entonces, ¿cómo surgió la mezcla de arroz con mango?
Durante el reinado del rey Chulalongkorn, en Tailandia —entonces conocida como Siam—, entre el 1 de octubre de 1868 y el 23 de octubre de 1910, se popularizó en la corte un postre conocido como “arroz pegajoso con mango”, una preparación que con el tiempo se extendió a numerosos países del sudeste y sur de Asia.
¿Y en Cuba?
A pesar de este origen asiático, bien documentado, de la preparación culinaria del “arroz con mango”, en Cuba su historia fue muy distinta, y es prácticamente seguro afirmar que la frase popular antecedió al controvertido plato.
La expresión cubana “arroz con mango” no tiene una fecha exacta de nacimiento, pero quedó establecida en el habla popular como una manera de describir situaciones caóticas, ilógicas o desordenadas, basadas precisamente en lo que, para el imaginario colectivo cubano, parecía una extraña e improbable combinación culinaria.
Históricamente se ha empleado para describir líos, contradicciones e ineficiencias, muchas veces aplicada al contexto político, económico y social que ha vivido el país en distintas épocas, incluida la actual.
¿Por qué surgió?
Surgió como una contradicción gastronómica, como la representación de algo improbable dentro de la cocina.
Se convirtió en metáfora precisamente por eso: porque, a diferencia del arroz congrí o del arroz con pollo, el arroz con mango siempre fue percibido como una mezcla insólita, extraña y poco armónica; una combinación que, en el lenguaje popular, simplemente “no pega”.
Para los cubanos, esta expresión tiene mucho más un sentido coloquial que literal. Cuando alguien dice “se formó el arroz con mango”, nadie piensa realmente en una preparación culinaria; todos entienden que se armó un gran lío, una confusión o un desorden de proporciones.
El tiempo y las circunstancias superan las expectativas
Antes de los años más duros del llamado Período Especial, ocurridos en Cuba durante la década de 1990, pocos cubanos habrían imaginado que la célebre frase “arroz con mango” tendría que aplicarse, en muchos hogares, de manera literal.
La extrema escasez y la imperiosa necesidad de llevar cada día un plato a la mesa obligaron a muchas familias a improvisar con lo poco disponible. Fue entonces cuando numerosas amas de casa, haciendo gala de esa creatividad nacida de la necesidad, se las ingeniaron para preparar un modesto arroz con mango con los únicos ingredientes que tenían a mano.
Y así, aquel plato que antes parecía un disparate culinario terminó convirtiéndose en alimento real para muchos hambrientos comensales, quienes lo devoraban con avidez y, en no pocos casos, hasta con satisfacción.
Incluso, en algunos programas de televisión y publicaciones especializadas de la época, se exaltaba al mango como una importante fuente de nutrientes y como un ingrediente versátil para incorporar en múltiples recetas.
Así surgieron el “bistec de mango”, las “hamburguesas de mango”, la “ensalada de mango” y, por supuesto, el ya inevitable “arroz con mango”.
Porque, al final, de los tiempos difíciles suelen nacer las soluciones más inesperadas.
Superado aquel penoso capítulo de la historia nacional, el famoso “arroz con mango” comenzó a perfeccionarse y fue llevado a la práctica como receta formal por chefs y cocineros, convirtiéndose en una propuesta legítima de cocina fusión, capaz de transformar una frase popular en una experiencia gastronómica sorprendentemente agradable.
En esta nueva versión, la humilde variante nacida durante el Período Especial evolucionó hacia una sabrosa mezcla agridulce que combina arroz blanco con mango maduro, enriquecida con ingredientes como bacon, cebolla, ajo, curry en polvo, mostaza, pimientos y perejil, entre otros.
El resultado es una armoniosa combinación de sabores salados y dulces, coronada por la ligera acidez natural del mango, lo que convierte este plato en una opción verdaderamente apreciable y atractiva para muchos comensales.
Epílogo
Este relato demuestra cómo algo que nació como una expresión popular inspirada en una acción aparentemente imposible o contradictoria —mezclar arroz con mango—, y que durante mucho tiempo fue sinónimo de caos y desorden, terminó transformándose, por obra de las circunstancias y de la necesidad, en algo perfectamente realizable y, en determinados momentos, incluso apreciado.
También reafirma la indiscutible capacidad del cubano para sobreponerse a cualquier dificultad, por dura que sea, así como esa admirable virtud de convertir las espinas en rosas y hacer posible lo improbable.
Porque, al final, la cocina cubana —como la propia vida— ha demostrado una y otra vez que, incluso del desorden, puede surgir algo memorable.
1 Comentarios
Que mensaje y lección tan bonita. Además de recordar esa genial frase tan conocida más allá de las fronteras de Cuba. Gracias por compartir estas historias maravillosas
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