Prefacio
En esta cuarta entrega de la serie vamos a referirnos a una de las cafeterías que marcó época antes de 1959 y que, aún después, se mantuvo durante mucho tiempo como un símbolo de buen gusto y calidad. Ello la convirtió en uno de los centros más apreciados de la gastronomía habanera. Nos referimos, sin lugar a dudas, al restaurante y cafetería Kasalta, ubicado en uno de los lugares más selectos de la ciudad, justo a la salida del túnel de Quinta Avenida que conectaba el distrito del Vedado con la elegante zona residencial de Miramar.
Kasalta fue un ícono de la gastronomía habanera durante la época republicana, convirtiéndose en un punto obligado de encuentro para la más distinguida burguesía de entonces, asentada en sus alrededores, en uno de los barrios más exclusivos de la capital durante sus años de mayor esplendor. Era famosa por su repostería, sus cremosos y exquisitos helados y su excelente café, además de contar en todo momento con un servicio de excelencia brindado por un personal siempre risueño y perfectamente uniformado.
También era reconocida por su colorido toldo, su famoso supermercado adjunto y por ser ampliamente frecuentada por familias, estudiantes y jóvenes pertenecientes a la clase media y alta habanera.
Breve recuento histórico de Kasalta
El restaurante-cafetería Kasalta, ubicado en la intersección de 5ta Avenida y Calle 2, en Miramar, fue fundado en la década de 1950 y, según diversas investigaciones históricas, fue propiedad del político y dirigente Francisco Aguirre Vidaurreta, exrepresentante a la Cámara por el Partido Revolucionario Cubano (PRC), conocido también como Partido Auténtico, fundado en 1934 por Ramón Grau San Martín.
Aguirre Vidaurreta fue además Ministro de Trabajo en 1947, sucediendo en el cargo a Carlos Manuel Prío Socarrás, quien sería posteriormente el último presidente democráticamente electo de Cuba antes de 1959. También presidió la Caja de Retiro y Asistencia Social de los Trabajadores Gastronómicos, entidad que financió la construcción del famoso hotel Habana Hilton, posteriormente arrendado a Hilton Hotels International.
Tras los cambios políticos y económicos ocurridos en enero de 1959, el establecimiento fue expropiado a sus dueños y nacionalizado, pasando a la administración estatal. Durante los primeros años, el restaurante-cafetería logró conservar buena parte de la calidad y el esplendor que lo habían caracterizado.
Con el paso del tiempo, la famosa cafetería de Miramar desarrolló una marcada identidad vinculada al deporte, reflejada tanto en su ambientación interior como en la presencia de rótulos y referencias visuales como “Kasalta Deportes”, quedando asociada popularmente a un establecimiento de ambiente deportivo dentro de la zona.
Lamentablemente, todo aquel esplendor fue apagándose poco a poco debido al impacto de la profunda crisis económica que terminó afectando todas las esferas de la vida nacional. El destino final de esta afamada cafetería fue convertirse en un oscuro y desabastecido supermercado donde los vecinos del área acceden a una muy limitada cuota alimentaria.
Anécdotas relevantes relacionadas con la famosa cafetería
Según la narrativa popular sobre la vida social de la Habana republicana de los años cincuenta, se cuenta que el líder político cubano Eduardo René Chibás y Ribas, fundador del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), antes de algunos de sus conocidos duelos públicos —se dice que llegó a batirse en nueve ocasiones— solía detenerse en la cafetería Kasalta para disfrutar de un café con leche doble.
Otra anécdota muy arraigada en la memoria popular refiere que, ya fuera por casualidad o por intención, en un pequeño parque situado justo frente al afamado y siempre concurrido centro gastronómico se estacionaba diariamente un carrito de helados perteneciente a la compañía cubana Guarina. El vehículo, conocido como Piccolino, vendía bajo la refrescante sombra de unos pinos australianos sus deliciosos helados de coco, mantecado, naranja piña, chocolate y otros sabores, quizás compitiendo con las célebres golosinas heladas que se ofrecían dentro de la cafetería.
Muy probablemente debido a la añoranza y al recuerdo imborrable de la cafetería Kasalta de Miramar, unos emigrados cubanos recién llegados a Puerto Rico durante la década de 1970 abrieron en San Juan una cafetería-restaurante a la que también llamaron Kasalta, llevando consigo las tradicionales recetas de repostería y los clásicos emparedados cubanos.
Aunque el fundador del establecimiento puertorriqueño nunca fue propietario del negocio original en Cuba, sí creó su homólogo en Puerto Rico inspirándose por completo en el famoso restaurante-cafetería habanero.
Lo más curioso es que el Kasalta puertorriqueño alcanzó también una notable fama y continuó prestando sus servicios durante décadas. Tal fue su popularidad que recibió la visita del expresidente estadounidense Barack Obama durante su viaje oficial a Puerto Rico, realizado el 14 de junio de 2011. En aquella ocasión, el mandatario hizo una parada sorpresa en el establecimiento ubicado en Ocean Park, donde ordenó un sándwich cubano por recomendación de las autoridades locales.
Epílogo
Después de realizar este imaginario viaje en el tiempo y conocer algunas de las peculiaridades más importantes de la famosa cafetería cubana Kasalta, quedamos convencidos una vez más de que el prestigio y la amplia aceptación alcanzados por la gastronomía cubana en el mundo fueron posibles gracias a la existencia de establecimientos como este, que marcaron una etapa de gran esplendor y llegaron a ser reconocidos dentro y fuera de la Isla como auténticos íconos de la cocina cubana.
Aunque muchos de ellos conservaron parte de su fama durante los primeros años posteriores al triunfo de la Revolución en 1959, hoy queda muy poco de aquel legado. La mayoría de estos centros han desaparecido; otros han sido transformados en locales que nada tienen que ver con su misión original y algunos pocos continúan funcionando, aunque han perdido gran parte del esplendor y la calidad que los distinguieron en su época dorada.
Por ello resulta tan importante contar estas historias y mantener vivos los recuerdos de aquellos tiempos, para que las generaciones actuales y futuras no pierdan el testimonio de una realidad que no tuvieron la oportunidad de conocer.
Si este relato ha sido de tu interés, te invitamos a compartir tus comentarios y a enriquecer estas breves anécdotas con tus propias vivencias personales. Te esperamos en nuestras próximas entregas, donde seguramente descubrirás otras interesantes historias relacionadas con nuestra afamada cocina cubana.











2 Comentarios
Bello recuerdo de cuando era nina, siempre pedia un sandwich de queso derretido en pan de molde… “grilled cheese”! Era Delicioso…😋
ResponderEliminarGracias por tu comentario. Realmente, en Cuba existian lugares maravillosos que ofertaban cosas exquisitas que para muchos solo quedan como un grato recuerdo.
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