Dulce cubano Masa Real con relleno de guayaba, símbolo de la repostería tradicional

 

¿Masa Real o Matahambre? Sus orígenes e historias en Cuba

Origen del Masa Real

Entre las delicias más recordadas y apreciadas por los cubanos nacidos en el pasado siglo se encuentra, sin lugar a dudas, el Masa Real. Este exquisito dulce horneado, formado por dos capas de masa suave y densa con un relleno de pasta de guayaba en el centro, ha sido parte inseparable de nuestra repostería tradicional.

En los textos de algunos autores o en otros países se le puede encontrar escrito como “Masareal”, pero en Cuba la forma más popular como se conoce este delicioso dulce es Masa Real. No se sabe una fecha exacta de su invención, aunque sí se conoce que tiene raíces hispánicas, probablemente de principios del siglo XIX o antes, originadas a partir de recetas de repostería llegadas desde España —bizcochos, mantecadas y panetelas— que fueron adaptadas al gusto cubano, incorporando frutas tropicales como la guayaba en su relleno.

Se dice que, en esta transculturación de los dulces importados de la península ibérica, tuvo una influencia esencial la mano e iniciativa de la cubana Doña Serafina Echemendía, una emprendedora mujer oriunda de Morón, entonces perteneciente a la provincia de Camagüey. A ella se le atribuye no solo la invención de la célebre Tortica de Morón, sino también la preparación del primer Masa Real cubano, ese dulce que con el tiempo conquistó vitrinas, hogares y memorias a lo largo del país.

 

 

¿Masa Real o Matahambre?

Durante mucho tiempo, el Masa Real y el Matahambre han sido erróneamente considerados sinónimos. Sin embargo, aunque comparten ingredientes y espíritu, presentan diferencias notables que reflejan también contrastes sociales y culturales dentro de la tradición cubana.

Por un lado, el Masa Real es un dulce más fino y elaborado, preparado en dulcerías, panaderías y hogares con ingredientes bien definidos y proporciones cuidadosamente medidas. Su textura es compacta pero suave, su aroma inconfundible, y su sabor evoca momentos inolvidables de nuestra infancia.

Por otro lado, el Matahambre es una versión más humilde, casera y rústica, nacida del aprovechamiento de los restos de distintos dulces. Aquellas sobras se mezclaban y prensaban para formar un bloque compacto, casi como un ladrillo, de textura más seca y dura que el Masa Real.

Su nombre lo dice todo: “Matahambre”, el dulce que “mataba el hambre”. Por su volumen, densidad y efecto saciante, se convirtió en la merienda de muchas familias de escasos recursos. Aunque en sus inicios fue un dulce poco apreciado —debido al origen de sus ingredientes—, su bajo costo y rápida preparación hicieron que pronto se ganara el cariño del pueblo, especialmente entre los más jóvenes, que lo disfrutaban con entusiasmo como una golosina popular.

El Masa Real: la salvación de los escolares cubanos

Si hay algo que los cubanos del pasado siglo —aquellos que hoy peinan canas— asocian con su infancia, es sin duda el Masa Real.

Ese pequeño bloque dorado de harina y guayaba fue, durante muchos años, la merienda escolar por excelencia en las escuelas del país, a partir de la etapa de 1960 y durante buena parte de las siguientes décadas. Su sabor, simple y dulce, cumplía una función valiosa y cotidiana: saciar el hambre de los escolares cubanos durante las largas jornadas de estudio hasta el regreso al hogar.

Aquel dulce, pequeño pero delicioso, se convirtió en símbolo de una época, en el compañero inseparable de recreos, juegos y mochilas escolares. Era, más que una golosina, una caricia de azúcar en medio de aquellos días difíciles pero felices; un pedacito de hogar servido directamente en el pupitre.

Epílogo: dulces que mantienen viva el alma de los cubanos

Hoy, cuando el tiempo parece desdibujar aquellas lejanas vivencias de nuestra infancia, el Masa Real y el Matahambre permanecen como dulces testigos de la historia de nuestro país en aquellos difíciles momentos. Cada recuerdo de esos humildes pasteles encierra una herencia cultural y una tradición que va más allá de la simple receta: es la memoria del aroma casero, del olor a dulce de guayaba en las horneadas, de las manos que preparaban sin prisa, pero con mucho amor, aquellas inolvidables golosinas, y del bocado sencillo pero sabroso que se nos ofrecía en cada ocasión.

En el Masa Real también vive la nostalgia de los recreos en el patio del colegio, los recuerdos de la ternura de las “tías” de la escuela y del incomparable cariño de nuestra familia, que hacía lo imposible porque fuéramos felices. En el Matahambre se esconde la dignidad y el honor del que hace mucho con poco, del ingenio del talentoso pueblo cubano que transforma la carencia en sabor y lo humilde en algo sublime.

Ambos dulces, distintos pero indudablemente hermanos, resumen en su esencia la mejor lección que ofrece nuestra relevante Cocina Cubana: que la verdadera riqueza no está en los ingredientes que se empleen, sino en la pasión y el amor con que se confeccionan sus recetas.

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