Introducción
En esta tercera entrega de la serie nos referiremos a
las célebres cafeterías ubicadas en el interior de una red de tiendas
denominadas Ten Cents, que existieron en nuestro país desde mediados del
siglo XX y que eran filiales de la compañía norteamericana F.W. Woolworth Co.
Esta famosa transnacional, cuyo principal propietario era el empresario estadounidense Frank Winfield Woolworth, llegó a tener en Cuba diez sucursales, cinco de ellas ubicadas en la ciudad de La Habana, y una plantilla de aproximadamente mil empleados, de los cuales más del 80 % eran mujeres. Su principal éxito radicaba en haber sido pionera en el mundo en la implantación del modelo de tienda por departamentos con precios muy económicos —que oscilaban entre cinco y diez centavos—, algo que podían mantener sin sacrificar la variedad de surtidos ni la calidad, pues adquirían sus productos directamente de los fabricantes.
La novedosa comercialización mediante el sistema de autoservicio y la disponibilidad de diversos servicios complementarios, como peluquerías, grabado de joyas, fotografía instantánea, cerrajería, atracciones infantiles y modernas cafeterías perfectamente equipadas, las convertían en establecimientos de gran preferencia para los siempre ávidos clientes y representaban la última novedad en materia de centros comerciales de la época.
Nos referiremos en este relato a aquellas recordadas y añoradas cafeterías —siempre relucientes—, ambientadas con modernos sistemas de aire acondicionado que, increíblemente, impedían que los olores de los alimentos se propagaran al resto de las áreas de la tienda, y acompañadas además por una agradable música ambiental. Todas se distinguían por contar con una larga barra de fórmica brillantemente iluminada, cómodas banquetas giratorias con respaldo y un espacioso pantry totalmente niquelado, dotado del equipamiento gastronómico más moderno de aquellos años.
Pero lo más recordado era, sin duda, su amplio,
variado y exquisito menú, en el que nunca faltaban selectos refrigerios que
hacían las delicias de todos, acompañados siempre de un servicio de excelencia
que distinguía al lugar.
Breve historia de los Ten Cents en Cuba
La compañía F.W. Woolworth Co. comenzó a operar en Cuba en 1924 en la esquina de San Rafael y Amistad, en Centro Habana. Sin embargo, su primer Ten Cents fue inaugurado el 29 de enero de 1937 en la esquina de San Rafael y Galiano, en el local donde anteriormente había estado La Casa Grande, una tienda propiedad de Faustino Angones fundada en el siglo XIX.
Posteriormente se crearon otras cuatro filiales en La
Habana y cinco más en el resto de la isla. Los Ten Cents habaneros estaban
ubicados en Monte y Suárez, en La Habana Vieja; Galiano y San Rafael, en Centro
Habana; Obispo y Habana, también en La Habana Vieja; 23 y 10, en El Vedado; y
La Copa, en 42 y 1ra., en Playa. Entre los más renombrados de las provincias
figuraban los ubicados en las ciudades de Matanzas, Cienfuegos y Santiago de
Cuba.
Todos tenían en común una reluciente fachada revestida con láminas metálicas acanaladas y amplios ventanales de cristal. En su interior contaban con varios pisos donde se encontraban los distintos departamentos especializados en ventas minoristas de una amplia gama de productos, además de numerosos servicios complementarios. A estos niveles se accedía cómodamente mediante modernas escaleras mecánicas metálicas de la marca Westinghouse. Y, por supuesto, en uno de sus costados se encontraban las muy famosas cafeterías.
Tras el triunfo de la Revolución, todas estas propiedades fueron confiscadas y pasaron a control estatal, siendo renombradas como Variedades. Sin embargo, nunca se logró borrar de la memoria popular la denominación de Ten Cents. De la elegancia y distinción que caracterizaron sus ofertas y servicios apenas quedó el recuerdo, perdiéndose progresivamente la identidad y calidad que las distinguieron hasta desaparecer por completo su afamado modelo original.
Variadas ofertas y excelente servicio
Las cafeterías de los Ten Cents contaban con un amplio menú —anunciado vistosamente mediante carteles luminosos dispuestos a todo lo largo del mostrador— que nunca carecía de exquisitos refrigerios tales como: hot cakes cubiertos con sirope, miel o marshmallow; batidos elaborados con frutas naturales; suculentas malteadas; helados de sorbetera; refrescos a granel o embotellados —sobresaliendo la especialidad conocida como «vaca negra», confeccionada con Coca-Cola y helado—; manzanas acarameladas; sándwiches de jamón y queso; pizzetas; pastelería recién horneada; flanes y pudines elaborados en la propia casa y, lo mejor de todo, los deliciosos e inigualables bocaditos de ensalada de pollo, pavo, atún o huevo.
Otro aspecto que sobresalía de estos establecimientos era la presencia de sus bellas empleadas, siempre sonrientes y cuidadosamente arregladas con vistosos uniformes, así como la rapidez y eficiencia con que brindaban el servicio.
Son recuerdos entrañables que muchos de mi generación
conocieron y disfrutaron, imágenes imborrables que automáticamente asociamos
con la palabra Ten Cents.
Según la opinión de muchos:
«En los Ten Cents de La Habana se comían los mejores sándwiches, bocaditos y hamburguesas de Cuba».
Conclusión
Resulta indudable que la historia comercial de La
Habana de mediados del siglo XX estuvo profundamente marcada por los populares
Ten Cents de la cadena estadounidense Woolworth y, dentro de ellos, por sus
elegantes y modernas cafeterías, que se encontraban a la altura de las mejores
del mundo.
Sus exclusivas ofertas, su vistosa presencia y su
distinguida atención ocupan un lugar relevante en la historia de la gastronomía
cubana, difícilmente igualable.
También resulta incuestionable que, tras la
nacionalización de esta prestigiosa cadena norteamericana en la década de 1960,
los Ten Cents fueron perdiendo progresivamente la identidad y calidad comercial
que los distinguían. Aunque algunos continuaron funcionando como tiendas
estatales, muy poco quedó de aquel modelo original, de sus ofertas, de su
servicio y de la presencia que convirtió a esos establecimientos en auténticos
referentes del comercio urbano cubano y en verdaderos adornos de nuestras calles.
No obstante, a pesar de los años transcurridos, de las
transformaciones sufridas y de las circunstancias que atraviesa actualmente el
país, en algún rincón del imaginario criollo permanecerá siempre la huella
entrañable de aquellos momentos compartidos en las oscilantes banquetas verdes,
alineadas junto a aquel mostrador siempre brillante donde tantos cubanos
disfrutaron de pequeños placeres que el tiempo convirtió en inolvidables
recuerdos.
Quizás también guardes algún recuerdo de aquellas cafeterías de los Ten Cents: una visita en familia, una malteada compartida con amigos o simplemente la imagen de aquellas largas barras y sus características banquetas giratorias. Si es así, te invitamos a compartir tus experiencias y opiniones en los comentarios. Nos encantará leerte. Y si disfrutaste este recorrido por una de las páginas más entrañables de nuestra memoria gastronómica, acompáñanos en las próximas entregas de Secretos de Cocina Cubana, donde seguiremos descubriendo historias, sabores y tradiciones que forman parte de nuestra identidad.















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